Saturday, October 11, 2008

Semanas de exito.

Lamento no haber escrito desde hace tanto. Lo que sucede es que después de haber escrito acerca de Cuernavaca y Nueva York, un noble me confundió con alguien de halta categoría y me entregó un premio (de esos que incluyen paquetes de viaje, billete, camisas de Bob Esponja y impresoras). Como no soy tonta, agarré el todo y me largué a las Bahamas para vacacionar.
Ahí me hospedé en los mejores hoteles, me tomé un montón de fotos tipo "turista gringo" y me olvidé completamente de mi blog. Durante esas semanas, trabé amistad con una vaca que no sabía ni siquiera mugir pero me identifiqué con ella, así que mientras la vaca (a quien había llamado Panfleta) masticaba hierbas yo le contaba mi vida. Ahora que lo pienso, no le ha de haber interesado en lo más minimo pero al menos me desahogué. Le conté acerca de Helenitha, de Paty, de Daniel Fabien, de Haute Garonne y finalmente llegó el tiempo de confesarle que nunca gané un premio por nada, que había sido un noble que había confundido y me había dado un premio que no merecía. Fue ahí cuando Panfleta abrío la boca y descubrí que no era un animal, si no un alguien, y no un alguien
común y corriente, si no nada más y nada menos que Rocío!
Le había contado mis secretos más secretosos y ahora corría a avisarle a los de seguridad que yo gané el premio ilegalmente. Como es de esperarse de mí, me quede sentada pensando en que hacer hasta que vi el peligro realmente cerca. Rocío y la policía corrían hacia a mi a la velocidad de la luz. Puse ojos de O.O, me levanté y corrí. Aunque usted no lo crea, corrí mas rapido que en EPS (bueno, más rapido que en EPS no es nada...) y más rapido que cuando besé a Renakwajo (eso es otra cosa). Corrí y corrí y no veía lugar donde esconderme y estaba desesperada y me tropecé con una mantis religiosa y me volví a levantar sabiendo que había mucha gente que nunca sobrevivió a semejante caida. Finalmente llegué a un puerto maritimo. Deseaba más que nunca volver a la normalidad (osea, a Cuernavaca), asi que busqué en uno de esos pizarrones de corcho que tienen papeles pegados algún barco que se dirijiera a Acapulco o algo por el estilo. No ví ninguno, pero no había tiempo que perder, Rocío y los policias seguro ya no tardaban en alcanzarme y fue así como me lancé en el primer bote que ví y me escondí adentro de una caja.
Tuve suerte y no suerte, suerte por que el capitán del bote resulto estar muy weno y no suerte por que me llevó hasta Vietnam y... (QUE DAÑO) me tuve que regresar a mi pueblo-hogar a pie, pisoteando las olas, los tiburones y a los parientes de mi querida amiga Momo (quien siempre acaba siendo parte de alguna manera u otra de mis historias ¬¬).
Llegué a Cuernavaca y, oooh, si que había extrañado el planeta Tierra!

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