Había una vez un pintor fracasado llamado Frank, un muchacho no del todo guapo que quería trinfar con cada trazo, pero el problema es que hacía ya tiempo que su inspiración se había fugado, y entonces ya no sabía, ya no creía, ya no podía buscar adjetivos para sus creaciones, que poco a poco perdían el sentido de "ser" o "estar", dejándole mucho que desear.
Más que nada, amaba las imagenes, las ideas, plasmadas en papel, el lapiz, su punta, el grafito que hace poco le daba el poder de crear, sin embargo, algo había cambiado en el, algo dentro, algo desconocido, basado en un sueño, basado en una realidad, algo extraño de lo cual el no era dueño, pero se prometía algun día serlo. Su delirio hiba acerca de ella, la dueña de sus sueños, el sueño de cualquier subconsiente, esa que siemre estuvo ahí y ahora, había mostrado su existencia. Y desde que la conocía, la sentía, lo único que Frank deseaba era dibujarla, pero cuando lo intentaba era o demasiado realista o totalmente amorfo. Y no había nada más que dibujar ahora, ella lo era todo, TODO, sin siquiera llegar a ser "algo". Aunque no fuera, era lo mejor que había, y aunque el pintor fallido nunca la hubiese visto, nada más tenía sentido. Eso era todo, todo en nada, en su mísera existencia. Por suerte, su frustración artística no duro mucho rato...
Una noche, su crisis tomó la forma de un dibujo a lápiz, que al tomar color tomó la forma de todo un génesis apocalíptico, toda una galaxia, un casi-universo... y en el centro, ella. No tan perfecta como la había soñado sin soñarla, pero el fondo la hacía divina. Así, pasaron los días y Frank pasaba sus "horas artísticas" admirando la creación que, irónicamente, lo había creado a el. No pegaba el ojo, pero un día la fatiga le ganó y se durmió, planeando seriamente vender al día siguiente su obra, pues ni contemplándola había perdido el sentido de la subsitencia. Como sea, durmió bien, volando entre cantos y rosas. No lo había podido evitar: se había enamorado del ingenio de un joven de les belles-arts; una especia de narsisismo lo empezaba a consumir. Se sentía en el cielo, se sentía un diós, se sentía la única verdad. Tanto soñando como en vida, se sentía soñado.
Al día siguiente, en cuanto hubo despertado del todo, salió como una bala de su casa, con su obra maestra bajo el brazo envuelta por un pedazo de lino. Llegó a una galeria y lleno de júbilo, le mostró al mundo su grandeza.
Todos lo miraron consternados, y cuando el también miró, el mundo lo aplastó. Su diosa perfecta en el cuadro ya no estaba, un espacio blanco la remplazaba.
Frank alzó la vista, pálido y lúgubre, y a su sorpresa, todos tenían expresión de empresa.
A la semana, el cuadro se vendió y así fue como se creó el arte contemporaneo.
FIN.
Redactado e imaginado por: Oni y Kumi
No comments:
Post a Comment