Monday, October 19, 2009

Viernes trágico

Después de dos largas horas en el encierro al aire libre discutiendo con madres tacañas, Re y yo salimos de la casa de Adrien hechas la raya para subirnos (hechas la raya) al coche de Helenita y salir disparadas hacia Galerias para poder ver a Laro cantar. El tráfico era atroz, pero vale pito, ahí ibamos viento en popa hacia el corral.
De pronto, cuando los coches parecían haberse disipado, la carcacha de mi jefa sufrió de una crisis cardiaca y se detuvo en medio de la avenida Teopanzolco a la altura de... nada y a mi madre no le quedó más que orillarse a la orilla. Fue de esta manera que quedamos "presos" al lado de una banqueta común y corriente, muy mexicana, rodeada de pasto salvaje. También había un muro color... moztazota andraca canario con textura de rocas pero hecho de cal y una construcción inútil que consistía en una especie de estante de cemento puesto sobre dos pilares del mismo material y que en un museo hubiera podido llamarse arte contemporaneo.
Después de un rato azándome dentro del coche (ya que Re no quería abrir la ventana por que tenía frío) el ruco y la ruca tubieron la sabia decisión de salir al aire libre en lo que llegaba la grúa. Helenita se quedó dentro pretendiendo hacer llamadas de S.O.S aunque yo sé que jugaba sudoku. Mientras tanto Re y yo nos divirtíamos afuera en un eterno tira y afloja de "Re, no te sientes en esa pinche roca!" y "Ya, Barney, cállate!" y "Re, no te pares en la roca!" y "Ya cállate, Barney, ya ni yo!" en lo que pensábamos desesperandamente en lo avanzada que estaba ya la función de Laro y en soluciones surrealistas y casi estupidas acerca de como llegar por lo menos al final para decirle que cantó muy bien (aunque no hubiesemos visto). Re decía que si la Banana hubiera venido por nosotras ya hubiésemos estado desde hacía ya media hora en Galerías, mientras que yo proponía ir volando. Fuimos perdiendo la razón, dando vueltas en nuestra banqueta, nuestros 5 metros cuadrados de libertad y de pronto empezó a chispear.
Mientras que las gotas de lluvia caían en nuestras narices, mirábamos los coches pasar y delirábamos acerca del parecido de las camionetas de nuestros compañeros con las que pasaban. "Mira! Ahí está Oni!", "Mira! Ahí está Fer!", "Mira! Ahí está Mateo, "Mira! Ahí estoy yo!", decíamos. Fuera de eso, noté que hay una serie de camionetas que dan vueltas miles de veces a aquella avenida, lo que me lleva a pensar que hay algún tipo de mafia que vigila Teopanzolco como un zopilote, pero ese no es el punto. La lluvia, que hasta entonces se componía de simples gotitas, fue aumentando su intensidad hasta que de pronto Re y yo nos encontramos debajo de una cascada y por consecuente debajo de un paraguas. Los coches pasantes con los cuales hasta hacían pocos minutos imáginabamos la presencia de nuestros camaradas burlones viendonos desde las ventanillas se fueron reduciendo a simples faros luminosos y el viento se volvió dominante. Mi MamaRai no traía sueter, así que nos volvimos a subir al coche dentro del cual Helenita apenas había acabado de jugar sudoku y se ponía verdaderamente las pilas para llamarle a un tal AMA que pretendía asegurarle una grua. Se suponía que Helenita y la ruca se irían en el coche arriba de la esta y que Re y yo nos iríamos en un taxi con el ruco. Mientras que esperábamos el taxi y la grua y eramos testigos de la frustración de mi madre, Rai y yo nos pusimos a jugar gato en los vidrios empañados y a dibujar tonterías. Al cabo de un rato, los circulitos y las crucecitas se transformaron en patatas con ojos y masas awadas gordas y el juego se volvió amorfo así que dejamos de jugar. Por suerte, no tuvimos que esperar mucho más ya que la grua y el taxi llegaron.
Si la memoria no me falla, nos hicieron bajar y subir del coche a Re y a mi en un intervalo de pocos segundos. Se suponía que nos íbamos a ir en taxi pero al parecer mi mamá y mi abuela sobornaron de alguna manera al conductor (Diós lo bendiga) y este accedió a llevarnos en el coche sobre la grua a condición de que no nos movieramos mucho. Así pues, acrocharon el coche a la desta y nos elevamos por los aires. Cuando aún estábamos en tierra firme, Re me dijo que me preparara para el mejor juego de mi vida y yo me limité a alzar los brazos, pero en cuanto aquella catarina transporta coches se puso en marcha supe que Re no se había equivocado. Me abalanzé hacia la ventana, apachurrando a Re, y empezé a saludar gente y todos, por primera vez!, me devolvían el saludo y me sonreían muy amablemente. Todo el camino me la pasé diciendo cosas como "ay wow!", "que maravilla de la mercadotecnia!" y "mamá! ojalá que tu coche se trabe a media calle más seguido!".
El sueño acabó en cuanto después de la bajadita que termina frente a mi casa. La bajadita, por cierto, fue lo máximo y ahí si la adrenalina me llevó a alzar los brazos. En cuanto a lo demás, solo se trató de arreglos telepatiosos para Archivos Telepaty y insinuasiones de "Ay, yo quería ir a lo de Laro, pero la grua fue lo máximo".

Fin.
Dedicado a Laro (deveras que queríamos ir...)

1 comment:

Genoma said...

La mejor excusa que he leído...

:-)