y no es precísamente como el clásico chino gordo en una habitación oscura con una laptop que suele tener la culpa de todas las acciones disgustantes que se producen en la red. Esta vez, el sujeto no tiene rostro y apenas y tiene aliento, y si tiene alguna etiqueta es por que literal la lleva en la frente. Nadie nunca lo ha visto, y ha vivido poco, aunque tenga más años que la muerte misma. Vive en algún lugar elevado perdido en la nada, rodeado de frascos y un telescopio roto que a fuerza de las grietas en el lente terminó por ser más parecido a un caleidoscopio, o esos como juguetes en donde los niños se asoman y el mundo que ven se ve multiplicado por mil. Pero nadie sabe a ciencia cierta, sus ojos son únicos, por consecuente nadie ve lo que él y nadie sabe como se ve através de ese artefacto dudoso. Sí a mi se me permite imaginar, puedo intentar acertar asegurando que probablemente vea puras siluetas oscuras y colores mate que solo existen en el ocaso, de esos que sólo se describen con más colores por que no tienen identidad propia; y esto también me lleva a pensar que de seguro hay una barra negra hasta arriba, en su campo de visión, arruinando todos sus paisajes.
El sujeto es flaco, por que apenas y se alimenta de memorias olvidables; tiene ojos tristes aunque nunca haya tenido el corazón roto. Es la clase de ente en cuya mente sobreviene el depresivo "cual es el punto?" antes de cualquier idea y que sin embargo sigue ahí siempre por alguna razón, pudriéndose en su soledad. No es precisamente amargado, con los años superó esa fase existencial.
Su trabajo consiste en observar, observar y seguir observando y cuando pueda entender alguna de las casuales silhuetas que captó, meter de su mano de obra y arruinar algo por ahí, cambiar el curso de las cosas y hacer creer a cualquiera que alguna vez haya portado una sonrisa que el destino está escrito en alguna parte y que sus vidas están predispuestas a ser un fracaso con un final de bello drama. Mientras, éste otro conserva feliz el momento al haber logrado mover todas las piezas desde su mundo eternamente en pausa. Así, las amistades terminan sin terminar, y lo que se toma por una historia de amor se quema en lo más recóndito sitio del aire, las cenizas de ello se desperdigan por la existencia de tal manera que ni el más ocioso lo pueda volver a armar y los humanos terminan por estar compuestos por un poco más que de puras células y respiros.
FIN
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